La valoración de un empleado se basa en algo más que en los fríos números, puedes deberemos analizar las diversas aportaciones que puede hacer un trabajador, más allá de los rendimientos directos que obtiene la empresa de su trabajo. De hecho, estos últimos pueden estar más relacionados con el puesto que ocupa que con su verdadero valor.

El valor es un concepto complejo que no debemos confundir con el precio, ya que existen costes y beneficios más allá de los económicos. De este modo, se abre un debate complejo cuyo epicentro se encuentra sobre en el estilo de dirección del empresario: ¿es capaz de valorar a un empleado?

Confianza

La confianza que se desprende de un empleado es un factor que normalmente influye de forma determinante en cómo se desarrollará su carrera profesional, pero al mismo tiempo es un concepto difícil de definir y algo traicionero.

Para empezar, el empresario debe ser capaz de delegar funciones y responsabilidades, pues si no es así la confianza solo se basará en las apariencias y en las ideas preconcebidas. Desgraciadamente es algo que ocurre con cierta frecuencia.

Las palabras se las lleva el viento, pero los actos y los resultados dejan huella. Debemos evitar confiar en las personas equivocadas, atendiendo a la profesionalidad desde una perspectiva práctica, juzgando prácticas, formas, métodos, la discreción, la comunicación, la fiabilidad y el cumplimiento de las órdenes empresariales. Sin una observación imparcial no será posible confiar con razones objetivas.

Proactividad

La proactividad engloba toda una actitud ante el trabajo y una forma de afrontar los retos que surgen en el mismo. Aquellos que se esfuerzan por ser una solución en lugar de un nuevo problema, tienen un valor excepcional siempre que se sepan respetar los límites de lo razonable y se actúe en beneficio del equipo.

No obstante, volvemos al problema de siempre ¿la empresa valora esto? Es decir ¿se ve como algo bueno o como algo malo? Esencialmente hablamos de una cuestión de límites, ya que la proactividad no puede convertirse en un abuso de confianza.

Además, la empresa debe establecer los límites y crear un entorno de trabajo “sano”, pues al fin y al cabo no son pocas las empresas que coartan la proactividad de sus trabajadores, mediante procedimientos demasiado firmes y un estilo de dirección “anticuado”.

Consciencia de equipo

Un empleado valioso también es aquel que es consciente de que es una pieza más dentro de un equipo y que actúa teniendo en cuenta las repercusiones que sus actos tienen dentro de la organización, pero que también sabe dónde encontrar las respuestas y de dónde comienzan y terminan las tareas.

Gracias a esto, el trabajador puede tomar decisiones más inteligentes y puede encontrar soluciones más rápidamente. Eso sí… ¿podemos esperar que se cree esta consciencia de forma espontánea? No me malinterpreten, ya que por supuesto que es posible, pero la empresa debería realizar iniciativas orientadas a crear equipo.

Ambición

La ambición puede ser peligrosa, pero también muy productiva. Un empleado que quiere crecer y obtener un mejor salario es muy bueno cuando se alinea con los objetivos de la empresa, que básicamente son los mismos.

Con un buen sistema de incentivos es posible encauzar esta ambición y/o despertarla, pero aquellos que no pueden ser estimulados difícilmente querrán aportar un mayor esfuerzo o una mejor dedicación. La ambición y el hambre son un gran valor, cuando pueden desarrollarse en un entorno controlado.

Aumenta el valor de tu equipo

Podemos pensar en valorar a los empleados como un juicio sobre actitudes y aptitudes, pero no podemos ignorar el importantísimo papel que jugamos en la ecuación.

No tenemos que dirigir pensando en un buen empleado, sino en crear las condiciones para que todos puedan serlo. De hecho, un mal estilo directivo puede convertir a un nueva promesa en un nuevo desmotivado. En otras palabras, puede hacer que una buena política de contrataciones se vea anulada.

Evidentemente se echa de menos que entre los factores mencionados no haya mencionado el rendimiento, pero este no se produce sin más.

Un buen trabajador debe conjugar una serie de valores para poder rendir y requiere de un estilo de dirección que le acompañe. No estamos solo para valorar los resultados, sino para incentivarlos, para que sea difícil diferenciar al mejor entre los mejores.

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Imagen | Pascal


Germán Udiz

Grudiz (Germán Udiz) es divulgador, analista y máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration. Actualmente Administrador de Visión Veterinaria. Autor de "La historia de nuestra EGOnomía", "Manual de Dirección Comercial y Marketing" y "Aprendiendo bolsa desde cero"

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