La obesidad no se encuentra recogida directamente como posible motivo de discriminación en nuestra legislación laboral o en nuestra constitución, así como tampoco viene reconocida en las directivas europeas. No obstante, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se acaba de manifestar a este respecto, aclarando el asunto al apoyarse en la vertiente discapacitante de la obesidad severa.

Hace tiempo hablábamos de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana en la que se aclaraba que un despido basado en la obesidad de un trabajador no podía ser considerado nulo sino improcedente, pues se explica que “no es un factor discriminatorio en el sentido estricto que este término tiene en la Constitución Española”.

Se añadía que “ninguna disposición del Tratado CE contiene una prohibición de discriminación por motivos de enfermedad”, pero el TSJUE acaba de manifestar que la obesidad severa y prolongada puede considerarse como discapacidad a efectos de la directiva en relación a la igualdad de trato en el empleo y esto abre la vía de juzgar la discriminación por dicho motivo, que sí tiene un tratamiento específico.

La clave: discriminación por discapacidad

En otras palabras, no estamos ante el reconocimiento de la discriminación por enfermedad que se mencionaba en la sentencia nacional que he mencionado, sino por la discapacidad resultante cuando dicha condición se convierte en incapacitante para el trabajo.

La nueva sentencia aclara que “si bien el derecho de la Unión no consagra un principio general de no discriminación por razón de la obesidad en cuanto a tal, ésta se incluye en el concepto de discapacidad cuando en determinadas condiciones impide a la persona de que se trate participar plena y efectivamente en la vida profesional en pie de igualdad con los demás trabajadores”.

Esto se apoya en la Directiva Europea de Igualdad de Trato en materia de empleo, que establece un marco general sobre la igualdad de los trabajadores europeos, protegiéndolos de la discriminación por “origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual”

Como vemos, esta directiva contiene la discriminación por discapacidad de forma directa, siendo algo que también encontraremos el artículo 17 de nuestro Estatuto de los Trabajadores:

“…situaciones de discriminación directa o indirecta desfavorables por razón de edad o discapacidad o a situaciones de discriminación directa o indirecta por razón de sexo, origen, incluido el racial o étnico, estado civil…” Estatuto de los Trabajadores

La sentencia europea simplemente nos explica que la obesidad puede ser motivo de discriminación cuando se convierte en una situación que limita notablemente el desempeño profesional, no por una cuestión de simple peso corporal o estética, sino porque dicha condición podría representar una discapacidad en ciertos puestos de trabajo.

La obesidad puede ser una condición limitante

La obesidad trae consigo ciertos problemas de salud, más o menos graves según sea el grado en el que se encuentre afectado el trabajador. Puede causar importantes dolencias físicas y psíquicas que impedirían el desempeño efectivo del trabajo que le ha sido encomendado y también puede producirle otras enfermedades relacionadas como la diabetes u afecciones coronarias.

Por ello, cuando la situación se prolonga en el tiempo y se agrava hasta convertirse en una limitación profesional, el afectado podría incurrir en un supuesto de discapacidad y ante todo debería ponerse en manos de profesionales médicos para impedir que nos encontremos ante una situación irreversible.

En BBVA con tu empresa | El despido por obesidad de un trabajador no es nulo, sino improcedente, La obesidad de los empleados españoles se cronifica
Imagen | Tony Alter


Germán Udiz

Grudiz (Germán Udiz) es divulgador, analista y máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration. Actualmente Administrador de Visión Veterinaria. Autor de "La historia de nuestra EGOnomía", "Manual de Dirección Comercial y Marketing" y "Aprendiendo bolsa desde cero"

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