La cláusula de confidencialidad se establece como un pacto plasmado en el contrato de trabajo, mediante el que el empleado se compromete a no divulgar información clasificada o sensible de la empresa a la que haya podido acceder con motivo del desempeño de sus funciones en la misma.

No obstante, este principio se encuentra garantizado por los deberes de buena fe y diligencia al que se obliga el empleado y que deben caracterizar la relación laboral. Entonces, podemos preguntarnos “¿Es necesaria la cláusula de confidencialidad?“.

Especial protección

Los datos especialmente sensibles merecen ser protegidos de forma férrea, por lo que el establecimiento de cláusulas de confidencialidad resulta especialmente recomendable en los contratos de alta dirección, ya que las funciones desempeñadas por los directivos les permite acceder a información vital para el buen funcionamiento de la empresa.

Como hemos comentado, existe una obligación de actuar de buena fe, pero las cláusulas de confidencialidad pueden pactarse como forma de protección especial de los datos sensibles, más allá de la propia supervivencia de la relación laboral. Estas cláusulas deberán establecer:

  • Duración: se plasmará el tiempo en el que la cláusula se encontrará plenamente vigente, que podrá vincularse a la duración del contrato, pero también podrá extenderse más allá de la finalización de la relación laboral.
  • Objeto: habrá que establecer qué documentos y datos están calificados como confidenciales, así como las posibles excepciones que pudieran existir. También se establecerá qué datos, papeles o dispositivos deberán ser devueltos por el empleado una vez termine la relación laboral

El objetivo de la cláusula consiste en las actuaciones que podrán realizarse en caso de ruptura de las condiciones pactadas. Tengamos en cuenta que es diferente el caso de ruptura durante la duración del contrato, o después.

Si se vulnera la cláusula de confidencialidad durante la duración del contrato, se podrá sancionar al trabajador por falta grave, al haberse incumplido del deber de diligencia y buena fe, que podría motivar un despido disciplinario.

Si se produjera una filtración de datos cuando la relación laboral ya no esté activa (cuando el ámbito de protección de la cláusula así lo establezca), podrían iniciarse las acciones necesarias para solicitar una indemnización por los daños y prejuicios sufridos.

En definitiva, en la mayoría de ocasiones no es necesario establecer una cláusula de confidencialidad, pero se hará más recomendable según aumente el grado de responsabilidad y la sensibilidad de los datos manejados por el trabajador, con el objetivo de delimitar las áreas de confidencialidad y protegerlas de forma especial.

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Imagen | Michelangelo Carrieri


Germán Udiz

Grudiz (Germán Udiz) es divulgador, analista y máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration. Actualmente Administrador de Visión Veterinaria. Autor de "La historia de nuestra EGOnomía", "Manual de Dirección Comercial y Marketing" y "Aprendiendo bolsa desde cero"

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