Bioeconomía

La economía se basa principalmente en convertir los recursos de nuestro entorno, en productos capaces de satisfacer las necesidades humanas. Es un modelo de transformación masiva, pero la bioeconomía propone una utilización más razonable de lo que nos rodea, cuidando los elementos que nos son comunes a las diferentes formas de vida que compartimos el planeta tierra.

Desde los años setenta se han dado pasos desde una postura desbocada a una más responsable con el medio, principalmente al ser conscientes de que lo hecho al planeta también nos perjudica a nosotros como conjunto.

Egoeconomía

En el fondo, todo se sustenta sobre nuestro egoísmo, ya que hemos descubierto que la satisfacción de nuestras necesidades, en ocasiones autoimpuestas, se sustenta en la transformación de unos recursos que se agotan, lo cual nos obliga a tomar medidas para reducir dicha dependencia o para minimizar esta destrucción.

El movimiento bioeconómico nos insta a saltar sobre la economía y dar un paso más hacia la consciencia colectiva, adaptando la “destrucción creativa” que nos define, hacia la “destrucción inteligente”, utilizando energías más limpias y creando consumos más responsables. En definitiva, siendo conscientes de que no somos los únicos elementos vivos con necesidades que cubrir.

Lo malo de todo esto, es que todo avance ecológico se suele construir sobre unos fondos que se dejan de ganar o que se deben invertir, dado que requiere de cambios sobre la producción energética, la logística, las políticas empresariales y estatales, etc…

¿Quién está dispuesto a renunciar a parte de sus ingresos por el bien común? ¿quiénes pueden renunciar a ventajas competitivas por ello? ¿quienes pagan más por productos sostenibles? ¿son mayoría o minoría?

De la filosofía “Glocal” a la “Local”

La filosofía Glocal, o pensar globalmente actuando localmente, se ha difundido durante las últimas décadas al decir que la mejor manera de cambiar el mundo consiste en mejorar nuestro entorno más inmediato.

La crisis económica ha aparecido como una densa niebla que nos impide pensar o actuar en base a conceptos globales, priorizando la recuperación económica propia de forma urgente, aunque vaya en contra de la bioeconomía. Se actúa más en local, pero con una mentalidad igualmente local.

Guillermo Vetcher es uno de los más importantes abanderados de este concepto relativamente nuevo: “Es correcto que todo ser humano tenga ante sí la opción de poder alcanzar el nivel de bien-ser-estar que libremente decida, en tanto en cuanto ninguna consecuencia de sus acciones lesione o impida directa o indirectamente, que otro ser humano, nacido o por nacer, pueda disponer del mismo tipo de opción y deber.

En definitiva, la producción se enfrenta a dos problemas: satisfacer a los ciudadanos actuales y poder seguir satisfaciendo a los del futuro. En un mundo cada vez más poblado y polarizado, no resulta una ecuación sencilla y necesitaríamos un cambio de mentalidad que se nos antoja casi imposible.

El consumismo deja las puertas abiertas a una distribución desigual de la riqueza y de los recursos, limitando la destrucción producida a la capacidad económica para acometerla, más que a la consciencia de lo que supone la sobreproducción para las generaciones venideras.

¿La bioeconomía es posible?

La bioeconomía no es negociable, pues se trata de una obligación que de no llevarse a cabo nos arrastrará a un futuro insostenible. Hoy por hoy, el acceso al agua o al alimento, e incluso la calidad del aire, es notablemente diferente en diferentes áreas del planeta, por lo que es evidente que hemos fracasado en los intentos realizados hasta el momento, incluso al respecto de nuestra propia especie.

Estudiando los pasos que se han dado hacia un mundo más “justo”, no solo con otros seres humanos sino con el concepto de vida en general, se han dado en épocas de bonanza económica y aún así ha sido de forma tibia y no decidida. Ahora que estamos en crisis, las desigualdades aumentan y la bioeconomía es tratada de forma anecdótica y casi como una amenaza.

Hay cosas muy difíciles de modificar ¿podríamos describir la riqueza de un país basándonos en la vida y no solo en sus recursos? La última bancarrota no se expresará en euros. Los principales actores somos los ciudadanos y tenemos que actuar de forma activa en pro de un entorno más sostenible, también para los demás.

Si no cambiamos, la bioeconomía solo será uno de tantos conceptos que pudieron salvarnos, pero que no se adaptaban fácilmente a nuestro egoísmo. Espero que cuando nos demos cuenta de que la economía siempre ha sido un concepto biológico, no sea demasiado tarde.

En Actibva | La economía del bien común ¿un modelo utópico?, El PIB verde: ¿utopía o futuro?, Enfrentados por el petróleo de Canarias
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Germán Udiz

Grudiz (Germán Udiz) es divulgador, analista y máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration. Actualmente Administrador de Visión Veterinaria. Autor de "La historia de nuestra EGOnomía", "Manual de Dirección Comercial y Marketing" y "Aprendiendo bolsa desde cero"

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