Las políticas BYOD (del inglés «Bring Your Own Device») consisten en permitir que los empleados utilicen sus propios dispositivos electrónicos en la empresa, conectándolos a los servidores de la empresa y formando parte de su equipo de trabajo.

Esta práctica se ha ido extendiendo en las pequeñas y medianas empresas, comenzando con el uso de terminales móviles y llegando hasta el punto de utilizar ordenadores personales y otros gadgets propiedad de los trabajadores, siempre de forma productiva. No hablamos de la cesión a terceros, sino de que cada trabajador pueda realizar parte de su trabajo desde su dispositivo.

Desde el punto de vista productivo, el empleado puede conocer mucho mejor su dispositivo que uno ajeno, además de cuidarlo más y poder compaginar su espacio personal y profesional. No obstante, aunque también puede conllevar un ahorro de costes para la empresa, se producen riesgos para la seguridad de los datos y de distracciones no relacionadas con las actividades laborales.

A estas alturas conviene recordar que la empresa nunca puede obligar a los empleados a utilizar sus dispositivos personales con el fin de ahorrar costes, debiendo proveer los elementos básicos para el desarrollo del puesto. Las políticas BYOD pretenden facilitar la utilización de los dispositivos personales por parte de aquellos que lo deseen, pudiendo limitar esta práctica si se observa una caída de rendimiento.

Además, la adaptación tecnológica que necesitarían las empresas para aplicar políticas BYOD respetando las cláusulas de LOPD y la privacidad, hacen que su aplicación práctica real quede limitada a puestos de bajo acceso de información, alto grado de responsabilidad y confianza, o como material de apoyo (gestión de calendarios personales, emails, conexión segura a servidores, etc…)

Por último, es impensable plantear esta posibilidad sin establecer normas de uso y limitaciones, ya sea por cuestiones de seguridad, de interferencia o de dispositivo, ya que no es lo mismo utilizar nuestro móvil que utilizar una Nintendo 3DS.

De hecho, la primera manera de gestionar las políticas BYOD puede consistir en establecer las limitaciones pertinentes, controlando si existen problemas o riesgos derivados del uso de los terminales particulares.

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Imagen | Gailjadehamilton

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