La fase de análisis de riesgos laborales es fundamental para garantizar una acción protectora eficaz, pero en ocasiones las empresas desaprovechan algunas de sus herramientas o bien no actúan de forma totalmente meticulosa, incurriendo en algunos errores que pueden ser graves.

No tener interés

Un empresario desinteresado es el mayor riesgo laboral, porque sin un liderazgo claro es muy complicado coordinar las medidas de seguridad adecuadas y también realizar un buen análisis de riesgos.

Tenemos que interesarnos activamente por la seguridad, conociendo las condiciones de trabajo de primera mano y evitando minimizar los problemas para simplificar su resolución.

Es el primer garante de la seguridad y tiene que involucrarse, pese a que cuente con un responsable en dicha materia que deba velar por el cumplimiento de las directivas y sobre el que recaiga la mayoría del trabajo de campo.

No contar con nuestro capital humano

El capital humano de la empresa no debe ser una figura pasiva de las políticas de seguridad laboral, ni tampoco debería ser considerado como una simplemente víctima potencial de los accidentes o incidentes.

Los trabajadores son una de las principales fuentes de información para la empresa a la hora de detectar procesos críticos y posibles peligros. Tienen un valor fundamental a la hora de asegurar la prevención de riesgos laborales y la empresa no debe obviarlo. Es importante que hablemos con ellos y que estemos dispuestos a escuchar en todo momento, comunicándoles la importancia de que participen compartiendo sus percepciones en la materia.

El mayor riesgo se encuentra en no conocer dicho riesgo, así que si queremos contar con una buena evaluación de los puestos de trabajo y sus peculiaridades, tendremos que escuchar a las personas que lo ocupan. También es importante que tengamos en cuenta las particularidades de cada empleado para que puedan desempeñar su labor sin peligros para su salud.

No crear un sistema de protección permanente

Para poder descubrir los riesgos de seguridad es importante contar con un sistema de estudio organizado, que impida que pasemos por alto procesos que pueden ser críticos para la salud de los miembros de la organización, así como de terceras personas.

Esto no solo se aplica a las fases iniciales de estudio, sino que deben extenderse a todo el desarrollo de las políticas de seguridad en el trabajo, de modo que debe haber una forma de registrar los riesgos detectados y las fuentes potenciales de peligro, al mismo tiempo que se deberían designar responsables de implantación que vigilen el correcto cumplimiento de las medidas preventivas.

Las empresas más seguras son aquellas que prestan atención a sus políticas de seguridad de forma permanente, contando con un sistema que permanezca vigilante para ser capaz de adaptar sus procesos según se vayan detectando nuevos riesgos. En definitiva, no solo debemos hacer un análisis inicial, sino también un seguimiento para asegurarnos de que las medidas correctivas son suficientes.

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