Ya estemos en crisis o en la época más boyante la importancia de la formación es una constante vital. En España las empresas destinan a la formación la mitad ( porcentual ) que otros países europeos como Alemania o Reino Unido y todavía nos sorprende ser tan poco competitivos. Para ser efectiva, la formación debe alejarse de la concepción clásica y asumir el CAMBIO como la parte más básica de su naturaleza con la que se logrará innovar y crecer. Esto no es posible manteniendo una gerencia estancada en la actualidad: debemos prepararnos y concienciarnos para el futuro. Ahí radica el sentido de formar y ser formado.
La formación de finales del pasado siglo XX y del presente siglo XXI se caracteriza por alejarse de la enseñanza pasiva y encorsetada que pretendía encajar al profesional en un sistema impersonal y mecánico. Hemos pasado de convertir al empleado en uno más (Tener una plantilla homogénea) a alimentarle y alimentarnos de él buscando perfiles diferentes que trabajen bien en conjunto (Siempre dependiendo del sector de actividad).
El feedback y lo que podemos aprender de los formados son los motores del cambio y los propulsores de un sistema de mejora continua. Tenemos que saber que no solo podemos darles conocimientos, sino que tenemos la posibilidad de alimentarnos de sus experiencias adquiridas en el trabajo para poder mejorar los procesos que, por nuestra posición directiva, no siempre podemos detectar.
La formación es una constante pero tiene una estructura dinámica que se adapta a los tiempos.
Las clases impartidas en las formaciones no deben basarse en la pasividad sino permitir y promover que los alumnos sean activos y se involucren con sus ideas en los proyectos que se le planteen. De esto podemos observar diversas actitudes, útiles para reestructuraciones futuras (ascensos, reubicaciones, nuevas funciones y responsabilidades…), y además el aprendizaje será mucho más exitoso. El cómo llevarlo a cabo con éxito es de por si un secreto cuyo valor es incalculable.
La pregunta que ahora podemos plantearnos es si debemos dirigir nuestros esfuerzos hacia la impartición de nuevos conocimientos o a la mejora de los ya adquiridos, actitudes, emociones, etc… La respuesta no es una sorpresa pues siempre depende de la empresa y su estado actual, pero en momentos como los que vivimos prestaría especial atención a la formación de mejora, en la cual podemos intentar optimizar los procesos mediante una mejor utilización de los medios y recursos de los que dispone la plantilla. Es una inversión económica y puede complementarse con Brain Stormings (de pequeños grupos) para detectar problemas procedimentales y así estudiar posibles mejoras en un futuro. Por otro lado, si la empresa se encuentra en una situación complicada puede resultar un momento ideal para impartir nuevos conocimientos que abran alternativas de negocio.
En algunos casos habría que realizar previamente un estudio de clima laboral para saber la disponibilidad de los medios humanos ante la situación empresarial: Un mal ambiente causado por la incertidumbre podría ser nefasto para el correcto funcionamiento de dichas formaciones y habría que realizar otro tipo de acciones para mejorar las condiciones de implantación del conocimiento.
