Ya sean los métodos de análisis, los factores económicos o los políticos, todo pasa por un filtro difícil de predecir: la mente del bolsista. Cuando comenzamos a invertir en bolsa estamos utilizando nuestro dinero para procurar sacar beneficio procurando el mínimo riesgo. Este hecho produce la famosa sensibilidad que impera en los mercados.

La introducción de este factor fundamental pero desestabilizador en el sistema produce un importante grado de imprevisibilidad que destruye cualquier posibilidad de disponer de herramientas totalmente fiables a la hora de adivinar la evolución del mercado. Los métodos existentes por tanto no tratan de predecir sino de analizar el presente. 

Este hecho, imposible de obviar, es el fundamento de la bolsa. Si las predicciones fueran totalmente fiables el mercado bursátil no sería viable. Para que unos ganen otros deben perder aunque en ocasiones no sea exactamente así.

No poder adivinar el futuro de nuestro dinero hace que estemos especialmente inquietos y tomemos decisiones en base a suposiciones o incluso a opiniones ajenas de expertos o supuestos expertos. Pese a lo que se suele decir sobre las decisiones impulsivas, en ocasiones pueden producir buenos resultados aunque esto sea mero producto de la fortuna.

Piensen un momento en “el mundo real”. No podemos saber lo que pasará mañana y esto puede producir una ansiedad que hace que muchas personas se pongan en manos de supuestos videntes y adivinos. Darían cualquier cosa por saber a qué atenerse pero realmente eso es algo prácticamente imposible.

¿Y qué se le pregunta a los adivinos? sobre salud, amor y dinero. Los tres pilares sobre los que se construye nuestra vida, así de importante es el dinero y tanto poder tiene sobre nuestra mente. Perder el dinero afecta directamente a nuestro bienestar psicológico, social y físico.

Volviendo a la bolsa arrastramos nuestra humanidad y dependencia económica permaneciendo en un entorno imprevisible donde resulta complicado saber hasta qué momento puede hincharse un globo. Descubrir el mejor momento para vender es igualmente complicado pues siempre querremos hacerlo antes de que explote. Tampoco sabemos hasta qué punto puede caer un título o por dónde se saldrá de una fase lateral, también llamada de “no tendencia”.

Nuestras mentes y métodos de análisis son fundamentalmente racionales pero cuando añadimos nuestro dinero a la ecuación todo es bastante más complicado. Nadie se la quiere jugar. Pese a poseer herramientas de análisis en ocasiones el pánico generalizado toma el control.

La interpretación de los datos objetivos y la forma en que los medios de comunicación masivos los estudian conforman un intento de descifrar por qué baja o sube la bolsa cuando en realidad esas mismas interpretaciones producen gran parte de los movimientos. Hablar de tendencias es hablar del ánimo de los inversores.

Hablar de una fase alcista suele significar que existe un mercado optimista. Que la conciencia general cree que las cosas seguirán mejorando por lo que el ánimo de comprar mantendrá una tendencia al alza. En términos de oferta y demanda esto se traducirá en una bolsa que sube (aunque en realidad las que suben son las acciones).

La fase bajista, por contra, refleja el desánimo de los inversores aunque, generalmente, en algún momento detendrá su caída y volverá a recuperar el crecimiento. Los precios bajos se ajustan a las expectativas sobre el título pero estas puede modificarse en cualquier momento por diversos factores y volver a subir.

Uno de los momentos más tensos es cuando la tendencia no está clara como en una fase lateral o no existen elementos de valor para determinar la situación del mercado. La calma tensa puede romperse por movimientos de pánico que no tienen por qué reflejarse en datos técnicos ya que estamos presenciando al estado emocional en acción.

¿Qué pasa por nuestra cabeza cuando vemos que la bolsa sube? Todo el que tenga dinero querrá participar de la subida y una mayoría lo hará sin atender a los datos objetivos. Es el poder de la avaricia y de querer “sacar tajada”. Ante caídas del mercado sucede lo mismo, al verse una bajada puede cundir el pánico y la mayoría no querrá jugarse su dinero así que lo sacarán del valor vendiéndolo sea o no el mejor momento para hacerlo.

Imaginemos una situación en el “mundo real”. Vamos a comprar al centro comercial y aunque estamos a mediados de mes y no hay ninguna oferta especial está totalmente lleno. Pensamos “parece que todo el mundo se puso de acuerdo” aunque sabemos que no ha sido así.

Hay veces que la mente actúa mediante mecanismos subconscientes y esto puede afectarnos a nosotros (sin olvidar el efecto azar). No sabemos cual será la pequeña señal que funcionará de detonante pero la bolsa puede experimentar movimientos extraños en fases laterales o mediados de mes según el ejemplo. Nuestra naturaleza social nos puede llevar al comportamiento de manada, especialmente cuando nuestra seguridad económica se ve comprometida.

El factor psicológico puede producir un efecto exponencial en las tendencias, cual estampida, difícilmente explicable y cuantificable pues aunque algunos creen ver en el análisis gráfico (o técnico) la mejor manera de estudiarlo, lo cierto es que el futuro, pongamos como nos pongamos, es desconocido. Además, quien dice conocerlo tiene muchas posibilidades de llevarse un buen susto. Personalmente recomiendo huir de estos adivinos bursátiles o valorar su opinión en su justa medida, si es posible.

Podemos ver claramente que los precios no se forman solo en base a los datos de los análisis técnicos o fundamentales sino principalmente por las pautas psicológicas de los inversores, el factor menos predecible pero más importante de todos.

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